Brotes de enfermedad de New Castle en Colombia. ¿Dejaron de trabajar las vacunas?

New Castle corresponde a la cuarta enfermedad avícola de mayor importancia económica en el mundo, debido a las enormes pérdidas económicas que ocasiona a la industria, no sólo por efectos de morbilidad, mortalidad, pérdidas de producción y tratamientos, sino también por la barrera que representa para acceder a nuevos mercados, externos o de exportación.

Le superan Influenza de Alta y de Baja Patogenicidad, y la sorprendente Bronquitis Infecciosa, al tiempo que le siguen Enfermedad de Gumboro y Micoplasmosis, de acuerdo a cifras emitidas por el estudio “Análisis cuantitativo de los datos de Salud Animal 2006 – 2009, emitidos por el Banco Mundial en 2011.

En nuestro país, desde Noviembre de 2013 hasta la fecha vienen presentándose de manera ininterrumpida episodios severos de la enfermedad que se equiparan en intensidad, más no en duración, a los ocurridos años atrás entre los períodos 2005 - 2006 y 2009 (imagen 1)

Imagen 1. Notificaciones de Enfermedad de New Castle en Colombia 2005 – 2015

¿Por qué razón se están presentando de manera reiterada éstos brotes severos de la Enfermedad?

En nuestro medio, el entorno o ámbito de producción, llámese Galpón, Granja, Empresa de Producción, Empresas dentro de una región, etc., se encuentra enmarcado dentro de escenarios de desafío o de reto epidemiológico para la enfermedad que resultan complicados por la congruencia de dos condiciones: La muy alta presión de infección y  la prevalencia de virus de alta patogenicidad circulantes en campo.

Reservorios Naturales de la enfermedad que actúan como vectores mecánicos unos y biológicos otros, además de permanente actividad replicadora del virus en los múltiples órganos o tejidos “blanco” de su actividad, suelen ser los dos elementos fundamentales que favorecen la muy alta prevalencia de la enfermedad en campo (imagen 2).

Imagen 2. Algunos Reservorios Naturales del Virus de New Castle Fuente Universidad de Cornell

Sobre éste hecho en particular, cuatro grandes grupos se consideran reservorios naturales de la enfermedad:

  • El de las aves silvestres, fundamentalmente aquellas que como los gansos establecen oleadas migratorias desde el viejo continente y Norteamérica, ornamentales como las psitácidas, y las palomas, a quienes se les atribuye  responsabilidad en el origen de por lo menos una de las tres grandes Panzootias ocurridas años atrás a nivel mundial.
  • El de las aves de traspatio y gallos de pelea, que en Colombia suelen estar involucradas en el origen y la amplificación de una muy importante proporción de las epizootias ocurridas durante los últimos cincuenta años en la avicultura de escala o industrial.
  • El Alphitobious diaperinus denominado comúnmente “Coquito” o “Cucarrón de la cama”, cuyos estadios juveniles o larvarios albergan no sólo éste, sino también otro grupo importante de virus y de bacterias que afectan la salud y menoscaban la productividad de las aves de corral.
  • El de las aves que se poducen a nivel industrial, característicamente vacunadas, en las que la vacunación no impide la infección y/o el establecimiento del agente productor de la enfermedad, y pueden estar sanas o enfermar.

De otro lado, el Virus de New Castle, como así también lo hace el Virus de la Influenza aviar, replica consistente y reiterativamente en una amplia diversidad de órganos y de tejidos (Virus panto tropo), comprometiendo de manera general el funcionamiento y la integridad de sistemas vitales como el respiratorio, digestivo, nervioso central y reproductivo.

El virus ingresa por vía aérea a través de inhalación y se implanta en las células cilíndricas ciliadas que tapizan la mucosa de Faringe, Laringe y Tráquea o en las células linfoides asociadas a las estructuras del tracto respiratorio superior. En ellas realiza la primera replicación viral y los viriones (partículas virales infectantes) se multiplican exponencialmente, abandonan las células y en el medio extracelular se transportan en la sangre, estableciendo así una primera fase de viremia que ocurre entre 12 y 16 horas pos implantación del virus, que lo conduce a la conjuntiva y cámara interna del globo ocular. Faringe, Laringe y Tráquea una vez más, Íleo pulmonar, Sacos aéreos, Hígado, Páncreas, totalidad del Intestino, Ovarios, Útero y Bursa fundamentalmente.

En estas estructuras el virus replica de manera activa, abandona una vez más las células, se incorpora a la circulación y expresa una segunda fase de viremia, entre 4 y 6 horas después de la primera, la cual se considera responsable de los niveles de mortalidad y de las bajas de producción acaecidas durante la fase aguda de la enfermedad. Posteriormente, sí el virus que incide manifiesta tropismo nervioso, ésta segunda fase de viremia termina llevándolo finalmente hacia estructuras del Sistema Nervioso Central como Cerebro, Cerebelo y Tallo Encefálico.

Para finalizar, el virus se excreta así como entró en función exponencial a través de la respiración y la defecación, y el ciclo de replicación vuelve a comenzar.

¿Han dejado de funcionar acaso las vacunas?

Las vacunas desarrolladas para la prevención y el control de la Enfermedad de New Castle son de tres tipos:

  1. Vivas atenuadas y apatógenas
  2. Vivas vectorizadas
  3. Muertas o Inactivadas

Las vacunas vivas atenuadas expresan en su totalidad las características antigénicas derivadas de la codificación genómica completa del virus, es decir, aquellas que les confiere la presencia de todas las proteínas estructurales virales (2 glicoproteínas y 5 polipéptidos). Una de sus características más importantes tiene que ver con que están muy adaptadas al ave por ser producidas en embrión de pollo, y desde el punto de vista  técnico, corresponden a antígenos completos.

Las vacunas recombinantes o vectorizadas expresan mediante virus vector las características antigénicas derivadas de la codificación de algunas de las regiones funcionales del gen que codifica para la síntesis de una sola de las proteínas estructurales del virus, la proteína F o de fusión, responsable de la adherencia del mismo a la membrana celular durante la penetración. Es en esta glicoproteína donde se reflejan las más importantes características que definen la patogenicidad del virus, es decir, donde se hallan establecidos los marcadores genéticos de virulencia. Técnicamente las vacunas de recombinación génica o vectorizadas están elaboradas a partir de antígenos completos en cuanto respecta a la expresión del virus portador o que vectoriza, pero incompletos para la del virus que es vectorizado.

Y como quiera que a mayor complejidad química de una sustancia, mejor inmunógeno se considera, las vacunas recombinantes, muy útiles persé en escenarios foráneos caracterizados por la presentación de desafíos leves a moderados, “patinan” en los nuestros, donde deben ser reforzadas por la ayuda de las vacunas activas atenuadas y de las muertas o inactivadas.

Las vacunas vivas son activas. Imitan la acción del virus de campo y replican prolijamente en multiplicidad de órganos y de tejidos, es decir, manifiestan efecto residual, generando reacciones posvacunales de naturaleza respiratoria que son previsibles en intensidad y en duración, las cuales conocemos bien y estamos entrenados para manejar. A ellas responde el organismo produciendo anticuerpos homólogos anti glicoproteína HN, susceptibles de ser medidas a través de la prueba serológica HI, considerada de oro para la vigilancia epidemiológica de la enfermedad.

En las vacunas recombinantes el virus vector transcribe su material genético propio y el encargado en las células blanco de su afinidad: Los Linfocitos B y T. No generan reacciones respiratorias posvacunales y producen respuestas altamente específicas de anticuerpos homólogos anti glicoproteína F que no se pueden medir actualmente mediante pruebas serológicas comerciales HI o Elisa.

En las vacunas vivas atenuadas, todas las cepas utilizadas para su fabricación son naturalmente atenuadas, es decir, no trabajadas en el laboratorio mediante pasajes sucesivos en huevos embrionados como otros virus vacunales, lo cual las hace estables genéticamente y no susceptibles de presentar reversión a patogenicidad.

En las vacunas recombinantes el virus vector es un Virus Herpes (el virus de Marek), de genoma grande, que es reconocido por su capacidad de inducir estados de latencia en los que por tiempos indeterminados y bajo influencia del azar experimenta ausencia de infectividad productiva, lo cual ocurre tanto en el virus vacunal como en el de campo. En ellas no está completamente claro, ni se descarta, que la recombinación genómica inicial pudiere dar lugar a condiciones de inestabilidad genética como tal.

Las vacunas vivas atenuadas que se comercializan en la actualidad difieren grandemente en lo que respecta a concentración viral. Esta propiedad se expresa a través del título vacunal, y es medible, no solo por unidad de volumen en disolución (ml preparado), sino más específicamente por dosis suministrada o aplicada. Atendiendo a ésta consideración disponemos de vacunas con títulos que van desde 105.5  hasta 108.0  DIE50/ml, que cuando se suministran a las aves ponen de manifiesto enormes diferencias de masa antigénica aplicada, susceptibles de ir en la realidad desde 105.50  hasta 105.85  DIE50/dosis (imagen 3).

Imagen 3. Comparativo de Masa Antigénica  entre diferentes vacunas vivas contra Enfermedad de New Castle Cepa LaSota. Fuente: Osorio, H. 2014

Las vacunas vivas atenuadas que se comercializan en la actualidad están elaboradas a partir de cepas apatógenas y lentogénicas, algunas de ellas han sido descubiertas 70 años atrás (LaSota – B1) y filogenéticamente se clasifican en los gen grupos, genotipos o grupos moleculares I y II de los Paramyxivirus aviares serotipo 1, Clase 2, a los que pertenece el virus productor de la Enfermedad de New Castle (imagen 4).

Imagen 4.Caracterización Molecular de cepas vacunalres y de campo del Virus de Enfermedad de New Castle

Los avances de La Biología Molecular, era en la que nos encontramos en la actualidad, han puesto de manifiesto no obstante, la existencia de por lo menos 16 grupos moleculares más, diferentes a los descritos I y II donde se relacionan mayoritariamente las cepas vacunales, en los que se clasifican virus de campo con alta y baja patogenicidad.

En Suramérica y El Caribe prevalecen de acuerdo a ésta clasificación virus altamente virulentos pertenecientes al grupo molecular VII (imagen 5). En México y Centroamérica circulan a su vez virus de alta patogenicidad clasificados dentro del genotipo V (imagen 5).

 Imagen 5. Árbol filogenético de cepas de campo y vacunales prevalentes en campo. Fuente Gardin, Y. 2005

 

Esto quiere decir que la inmunidad que se está confiriendo en la actualidad contra la enfermedad de New Castle es una inmunidad de naturaleza  heteróloga, a diferencia de lo que ocurría años atrás cuando prevalecían cepas velogénicas ancestrales de campo grupo II, y con las cepas LaSota y B1 se confería inmunidad homóloga, pues corresponden al mismo patrón molecular. Ésta es la explicación del por qué los brotes actuales de la enfermedad, a diferencia de lo que ocurría años atrás, resultan ser insidiosos, regresivos, reiterados pues técnicamente se controlan de manera incompleta o parcial.

No obstante, como lo expresara el Dr. Eduardo Lucio Decanini, de Investigaciones Aplicadas en México, la protección que brindan las cepas vacunales tradicionales LaSota, B1 y apatógenas que conocemos y hemos trabajado durante tantos años en la industria avícola mundial, resulta ser satisfactoria aún al momento de controlar la mortalidad que suele presentarse en pruebas de desafío con virus patógenos en campo clasificados dentro de los demás grupos moleculares, pero está claro que no protegen contra bajas de postura y permiten la replicación y la eliminación de cargas virales más altas que las vacunas elaboradas a partir de virus homólogo.

Sin embargo, un recurso adicional, ese que representan las vacunas muertas o inactivadas elaboradas a partir de virus homólogo (autovacunas) o heterólogo (de línea), y utilizadas como refuerzo o “booster” de la primera inmunidad conferida por la aplicación de vacunas vivas, pudiere favorecernos sobre éstas manifestaciones en particular.

Amplísimo rango de emulsiones oleosas se producen y comercializan hoy en día. Ellas se elaboran a partir de cepas apatógenas como la Ulster 2C, lentogénicas como LaSota, mesogénicas como Roakin y a virus homólogo, como autovacunas, en México, China y Corea (Lucio Decanini, E. 2015).

En un trabajo comparativo sobre seroconversiones HI medidas para tres grupos experimentales (Controles, Oleosa e Hidrosa) de aves comerciales vacunadas con cepa mesogénica Roakin a razón de 0.5 ml/ave, divididos en dos aplicaciones subcutáneas a intervalo de dos semanas (primo y revacunación), se obtuvieron los siguientes resultados (imágenes 6-7).

Imagen 6. Resultados de prueba comparativa cepa Roakin en emulsión oleosa y disolución hidrosa a ocho semanas pos   revacunación. 

Imagen 7. Resultados de prueba comparativa cepa Roakin en emulsión oleosa y disolución hidrosa a ocho semanas pos revacunación. Fuente: Osorio, H.  2015.

Y no obstante que pérdidas en producción hayan sido reportadas aún en aves con altos títulos vacunales procedentes de vacunaciones realizadas a partir de cepa LaSota, como lo expresara el Dr. Eduardo Lucio, bien vale la pena desarrollar nuevos trabajos de investigación sobre los efectos que tendría esta vez la vacuna inactivada elaborada a partir de cepa mesogénica Roakin sobre los parámetros morbilidad, mortalidad, disminución de producción y tasa de excreción viral, frente a desafíos con los virus heterólogos que nos aquejan en Latinoamérica, clasificados en los genotipos V o VII como se dijera.

Esto, dado que investigaciones anteriores realizadas por el Dr. Gregorio Rosales, establecen que inmunidades promedio de lotes en diluciones 1:32 o superiores protegen contra mortalidad y de 1:128 lo hacen contra bajas en la postura o de producción, y la seroconversión obtenida a partir de cepa mesogénica Roakin es significativamente superior a la que puede evidenciarse con cepas lentogénicas tipo LaSota o apatógenas como la Ulster 2C (imágenes 8 – 9).

Imagen 8. Valores de inmunidad promedia del lote y relación con protección

  Imagen 9. Valores de inmunidad promedia del lote y relación con protección a partir de cepa mesogénica Roakin.

Fuente: http://www.engormix.com/avicultura/articulos/brotes-enfermedad-new-castle-t40589.htm


 
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